INTRODUCCIÓN
Desde la antigüedad, el humano
ha hecho uso de drogas para alterar su estado de conciencia con fines
recreativos o místicos. Básicamente, el humano consume las drogas por que le
provocan una sensación subjetiva de recompensa, de placer, de bienestar, al
menos cuando inicia en su vida el consumo de sustancias de abuso. De acuerdo a
la Organización Mundial de la Salud (OMS), la palabra “droga” se refiere a una
sustancia que previene o cura una enfermedad; pero en términos coloquiales,
“droga” hace referencia a una sustancia usada sin fines terapéuticos y que
tiene efectos psicoactivos1. De acuerdo al Diagnostic and Statistical Manual of
Mental Disorders IV-R (DSM-IV, de la American Psychiatric Association), el
desorden por uso de sustancias involucra dos patrones de conductas
desadaptadas:
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la dependencia (o adicción, de
acuerdo a la OMS) y el abuso. En la dependencia se observa en el consumidor, el
desarrollo de tolerancia a la droga, síndrome de abstinencia, pérdida de control
en el consumo y uso de la sustancia, a pesar de saber que le puede provocar
problemas físicos o psicológicos. El abuso se refiere al uso de la sustancia en
situaciones riesgosas, asociadas a problemas legales, o a problemas sociales o
interpersonales; y también a su uso recurrente dejando de cumplir con responsabilidades.
DESARROLLO
Una droga es una sustancia que
puede modificar el pensamiento, las sensaciones y las emociones de la persona
que la consume. Las drogas tienen la capacidad de cambiar el comportamiento y,
a la larga, la manera de ser.
Algunas drogas se consideran
legales y otras, ilegales. La consideración de un tipo de droga como legal
(como sucede con el alcohol o el tabaco) implica tan solo una regulación
diferente de la producción y de la comercialización, y en ningún caso quiere
decir que no sea peligrosa.
Todas las drogas comportan un
riesgo y no existe consumo alguno que pueda considerarse totalmente seguro. El
riesgo resulta de la combinación de tres factores: los efectos que provoca la
sustancia, la manera de utilizarla (dosis, forma de administrarla, efectos que
quieren obtenerse con ella) y la vulnerabilidad del consumidor.
La adicción a sustancias es un
problema de salud pública a nivel mundial. Un cerebro adicto se desarrolla a
consecuencia de cambios en la fisiología cerebral. Las drogas gustan porque
activan prioritariamente al sistema cerebral del placer; este efecto aumenta la
probabilidad de que el sujeto consuma nuevamente la droga. Sin embargo, este consumo
también activa, aunque en menor intensidad, a sistemas cerebrales como al de
castigo. Conforme se hace asiduo al consumo de la droga, se presentan cambios
en la actividad de diversos sistemas neuroquímicos cerebrales. Uno de estos
cambios es la hiperactivación del sistema de castigo que se expresa ante la
ausencia de la droga. Dicha hiperactivación se asocia con la presencia del
síndrome de abstinencia. De esta manera, la recaída en el consumo de la droga
ocurre para eliminar las respuestas fisiológicas adversas asociadas a dicho
síndrome de abstinencia. Adicionalmente, hay un sistema que inhibe al del placer.
Se genera en la corteza prefrontal y termina activando al globo pálido interno.
Este pierde su control sobre el del placer, por lo que facilita la ocurrencia
de respuestas impulsivas. Igualmente, ocurre plasticidad cerebral en regiones
que controlan el consumo de la droga provocando que se vuelva habitual y que se
aprenda la relación entre claves ambientales y el consumo de la droga. Es
posible que exista un cerebro pre-adicto o vulnerable a la adicción,
dependiente de la carga genética o por cambios epigenéticos. Por ello, es
necesario conocer cómo las variaciones genéticas están implicadas en las
adicciones, a fin de favorecer terapias más eficientes; además, controlar
factores ambientales que de otra manera facilitan el consumo de drogas por el sujeto
y de esta manera promover la prevención.
El cerebro es una de las
partes del cuerpo más complejas y delicadas. Del cerebro dependen los
sentimientos, la manera de pensar, nuestro mundo interior y la capacidad de
relacionarnos con otras personas. Las drogas inciden de manera directa sobre él
e interfieren en su funcionamiento.
Las drogas actúan sobre el
sistema límbico, que está en la parte más interna del cerebro, y provocan una
sensación artificial de placer. Sin embargo, el cerebro no está preparado para
recibir estos estímulos. El uso repetido de drogas afecta al funcionamiento del
sistema límbico e inicia el proceso de adicción.
Las consecuencias se dejan
sentir también en el córtex, y afectan al control racional de la conducta. La
adicción se consolida.
Prevenir implica actuar para
disminuir el número de personas que tienen problemas con las drogas, para que
éstos sean menos graves, para evitar las posibles secuelas. Obviamente,
prevenir exige anticiparse a los problemas, actuar cuanto antes.
Por eso hablamos de una
prevención dirigida a niños y adolescentes, en la que el papel de la familia y
de la escuela es fundamental: porque son los espacios en los que
prioritariamente se educa, se ayuda a crecer y a construir personalidades más
seguras, más libres y más responsables.
No hay que esperar a la
adolescencia para empezar a prevenir. Lo más importante es tener un
conocimiento real de lo que son las drogas, estar convencido de sus
consecuencias negativas y acompañarlo del ejemplo personal.
CONCLUSIÓN
El cerebro adicto es un cerebro
disfuncional. Los cambios que exhibe incluyen la alteración en la expresión de
receptores en diversos sistemas de neurotransmisión, que pueden ser producto de
cambios epigenéticos producidos por el consumo de la droga o son consecuencia
de experiencias tempranas en la vida que generan una patología psiquiátrica que
se expresará de manera comórbida con la adicción (patología dual). También pueden
ser resultado de una carga genética que vulnera al sujeto. Las drogas inducen
cambios neuroadaptativos en el sistema del placer, en el sistema del castigo y
en los sistemas que regulan al sistema del placer y de inhibición de la
conducta. Los cambios en los sistemas del placer y displacer sugieren un modelo
dinámico e integral para el entendimiento del cerebro adicto. Además, indica
que un cerebro adicto es un cerebro que siempre será vulnerable a la recaída.
Entender esto significa que no podemos demandarle a un sujeto que deje el
consumo de drogas de manera voluntaria. Además, a pesar de que logre su rehabilitación,
siempre es posible que ocurra una recaída. Por lo mismo, conocer la vulnerabilidad
genética o adquirida de un sujeto, permitirá implementar mejores terapias
farmacológicas para ayudar al paciente a controlar la adicción y promover su rehabilitación.
Los factores biológicos,
ambientales, la dependencia física, la adolescencia, problemas mentales y de
vulnerabilidad pueden ser determinantes en la generación de cerebros adictos.
Lo que hace al cerebro
especial en comparación con los otros órganos, es que forma la estructura
física que genera la mente. Como Hipócrates argumentaba: «Los hombres deberían
saber que del cerebro y nada más que del cerebro vienen las alegrías, el
placer, la risa, el ocio, las penas, el dolor, el abatimiento y las
lamentaciones.» Así pues, el cerebro puede por medio de la mente auto
controlarse y también tendría la capacidad de liberarse de las adicciones. Esto
es, el cerebro adicto puede auto rehabilitarse.
Sin embargo, no deberíamos
llegar al extremo de confiarnos en la habilidad del cerebro para afrontar las
dificultades sino mejor utilizarlo para prevenir las adicciones. Es decir,
"Evitar todo lo que sabemos que es dañino y tratar de promover y enaltecer
lo que sabemos que es positivo".
RECURSOS
Lectura del Cerebro Adicto de Verónica
Guerrero, periodista y divulgadora de la ciencia, colabora en ¿Cómo ves? y
otras áreas de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia, y como
corresponsal ocasional para la revista Nature Biotechnology.
REFLEXION
¿Por qué he elegido este tema?
Yo elegí este tema porque creo
que es muy importante por el daño que causa el uso de estas sustancias y que
cada vez va creciendo más en nuestro país, además de que soy partidaria de que
ninguna de las sustancias y/o drogas generan un beneficio, sino al contrario,
el deterioro que comienzan se ven reflejado en todos y cada uno de los aspectos
de vida de un individuo.
¿de dónde partí para empezar a
escribir?
Yo partí desde el punto de que
en la antigüedad ya existía el uso de estas sustancias pero que las utilizaban
para fines recreativos o místicos y que ahora el impacto de estas sustancias
sobre la humanidad es más fuerte
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